lunes, julio 27, 2015

La profecía de Orión.

En las últimas décadas la egiptología ha comenzado a prestar un mayor interés a la conexión existente entre el cielo visible de los egipcios, sus creencias más ancestrales y la forma en la que ciertos monumentos de las primeras dinastías, incluyendo las grandes pirámides, están dispuestos sobre el territorio.

Buena culpa de ello la ha tenido la “Teoría de la Correlación de Orión”, desarrollada por el ingeniero Robert Bauval y popularizada en un libro imprescindible escrito junto a Adrian Gilbert, El Misterio de Orión




Aunque se muestran respetuosos hacia las opiniones contrarias, ambos autores coinciden, en afirmar que la lectura profética de la Gran Pirámide carece de valor e interés alguno, definiéndola como una fantasía del siglo XIX.

Con todo, Gilbert admite que el concepto “profecía” se podría utilizar para definir a la Gran Pirámide, en la medida en la que “era un intento de los antiguos egipcios de grabar en piedra sus más elevadas creencias religiosas”.

Tanto en la estructura, en los Textos de las Pirámides, como en otras fuentes adicionales, estaría codificado el mito de la llegada “desde las estrellas del cinturón de Orión de Osiris e Isis, y de cómo regresaron allí después de la muerte”

En un libro posterior, Signs in the Sky. El regreso de Jesús de Nazaret, Adrian Gilbert se aventura en una interpretación simbólica y entrelazada de los textos y profecías bíblicas, con el material religioso del Egipto antiguo y la historia hebrea en tierra de los faraones.

Desde este punto de vista, la posición de las estrellas de Orión y otros astros con respecto a la Gran Pirámide señalarían, expresada en fenómenos arqueo astronómicos, la apertura de una Puerta de Plata que da entrada al inframundo el 21 de junio del año 2000, dando comienzo a doce años de tribulaciones que terminarían en 2012 con el regreso de Osiris-Jesús.

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