martes, febrero 17, 2015

Enfermedades mentales raras

Me siento perseguido

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Leopoldo Frégoli (1867-1936) era un transformista italiano muy famoso en su época, debido a sus espectáculos, en los que lograba cambiar con gran rapidez y en repetidas ocasiones de vestuario, maquillaje y voz.

Chloé Wallach y Sadeq Haouzir, en su artículo Face Analysis, modeling and recognition systems, indican que los psiquiatras Paul Courbon y Gustave Fail tomaron
el apellido de este transformista para dar nombre al síndrome que los ha hecho pasar a la historia de la psiquiatría: en 1927 publicaron el caso de una mujer de 27
años que estaba convencida de que las actrices Robine y Sarah Bemhardt (esta última considerada como la actriz francesa más importante de su época) eran sus enemigas.

Y no solo eso. También afirmaba que tomaban la forma de otras personas para hacerle la vida imposible.

Una clase de manía persecutoria especialmente extraña.

De vez en cuando, aparecen publicados casos de personas que padecen este síndrome, pero, de momento, más allá de que se considera que seguramente tenga
una causa neurológica, los científicos todavía no conocen su origen con exactitud.

 

Síndrome de la mano extraña

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Imagina que de repente, una de tus manos no te hace caso.

Parece tener vida propia, no la sientes como tuya, se mueve a su antojo.

Es el “síndrome de la mano extraña” o “ajena”; su principal síntoma es que
provoca que esa parte del cuerpo se mueva de forma involuntaria, indica un artículo de la Universidad de Montreal.

Las personas que lo sufren sienten que su mano ya no les pertenece, que les es extraña. Se cree que el origen de este problema es neurológico.

Concretamente, es probable que se deba a lesiones en el cuerpo calloso, una estructura localizada en el interior del cerebro y que conecta los hemisferios cerebrales derecho e izquierdo, coordinando las funciones de ambos.

Lesiones de la porción anterior del cuerpo calloso y del lóbulo frontal medial pueden causar este síndrome en la mano dominante.

En cambio, las lesiones aisladas de la porción anterior del cuerpo calloso pueden causar el problema en la mano no dominante.

 

El síndrome de Münchhausen

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Hay gente que hace de todo para llamar la atención, incluso, simular graves problemas de salud. Y, para ello, son capaces de beber detergente, hacerse cortes, tomar medicamentos para sufrir efectos secundarios... ¿Por qué lo hacen?

Para llamar la atención de médicos y enfermeros, porque sienten la imperiosa necesidad de que profesionales sanitarios les dediquen tiempo y esfuerzo.

El médico británico Richard Asher describió este síndrome en la revista médica The Lancet, en 1951.

Eligió el curioso nombre de Münchhausen porque las fabulosas mentiras de algunos pacientes para explicar sus problemas de salud le recordaron el libro narración de los maravillosos viajes y campañas del barón Münchhausen, escrito por Rudolph Erich Raspe, en el que se narran las mentiras de un barón alemán del siglo XVIII que afirmaba, entre otras cosas, haber viajado a la Luna.

 

El síndrome del acento extranjero

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Imagina que un amigo, originario de tu ciudad y que nunca ha salido de esa ciudad, empieza a hablarte con un marcado acento francés.

Si te jura que no te está gastando una broma, llévalo a un hospital porque, quizá, se ha dado un fuerte golpe en la cabeza o ha sufrido un ictus.

Puede estar padeciendo el síndrome del acento extranjero, como le ocurrió a Tiffany Roberts, que había vivido toda su vida en Indiana, EU.

En 1999, tras recuperarse de un derrame cerebral a los 61 años, empezó a hablar
con el acento propio de los habitantes de la parte este de la ciudad de Londres.

De acuerdo con la Universidad de Texas, en Dallas, las lesiones cerebrales que causan este trastorno son de origen vascular o traumático, y hacen que la persona cambie su patrón de habla (por ejemplo, que alargue sílabas, hable más lento o pronuncié más fuerte o más suave ciertas letras o sílabas), por lo que pareciera que habla con un acento extranjero.

La ilusión de los dobles

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En 2007 la psiquiatra neoyorquina Carol W. Berman publicó un artículo en The New York Times donde describía el caso de una mujer de 37 años que, al llegar a casa, le preguntó a su marido: “¿Quién eres tú?”.

El hombre creyó que era broma, pero, al intentar besarla, ella lo rechazó.

Estaba convencida de que un farsante había suplantado a su esposo. Padecía el delirio de Capgras, también llamado la “ilusión de los dobles”, según el cual la persona afectada está convencida de que una o varias personas de su entorno fueron
reemplazadas por un doble.

La Enciclopedia de la Mente, editada por Harold Pashler, indica que el primer caso fue descrito por los franceses Jean Mane Joseph Capgras y Jean Reboul-Lachaux en 1923. La causa de este trastorno podría ser la esquizofrenia o una lesión cerebral.

 

“Que sí estoy muerto”

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Si alguien afirma convencido que está muerto, es muy probable que sufra el síndrome de Cotard.

Quienes lo padecen creen que han fallecido o que no tienen vísceras o cerebro.

En 2013 los medios de comunicación británicos hablaban de un ciudadano diagnosticado con este padecimiento, porque llevaba años afirmando que ya no estaba vivo o, en el mejor de los casos, que su cerebro estaba muerto o perdido.

Y no había forma de convencerlo de lo contrario.

De acuerdo con la Revista Colombiana de Psiquiatría, el primero en describir este síndrome fue el neurólogo francés Jules Cotard, en 1880, cuando presentó el caso de una mujer en una reunión de la Société Médico-Psychologique de París. Allí explicó que esta persona, de 43 años, afirmaba no poseer órganos y que “era eterna y viviría para siempre”.

Una posible explicación para este síndrome es que detrás hay una profunda depresión nihilista con rasgos psicóticos, lo que explica las ilusiones de creer que han fallecido.

¡Soy el Mesías!

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Hay un delirio que sufren algunas personas cuando visitan la ciudad tres veces santa (para judíos, cristianos y musulmanes) de Jerusalén.

Fue descrito en la década de los treinta por Heinz Hermán, uno de los fundadores de la investigación en psiquiatría moderna en Israel, según documenta un artículo de la Universidad de Princeton.

En mayo de 2008, un turista estadounidense que estaba ingresado en un hospital de Tiberíades, al norte de Israel, se arrojó al vacío desde una altura de cuatro metros.

Había arribado a Jerusalén unos días antes y, desde su llegada, estaba muy nervioso.

Antes de su ingreso, lo vieron caminar solo por las calles hablando sobre Jesucristo. Como explicaba Taufik Abu Nasser, el psiquiatra que lo atendía, lo más probable es que el turista sintiera el arrebato místico conocido como “síndrome de Jerusalén”, que suele afectar a personas con patologías psiquiátricas previas y que se creen san Juan Bautista o el nuevo Mesías, embriagados por la carga religiosa de esa ciudad.

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