viernes, septiembre 19, 2014

Nuevo Orden Mundial Bohemian Club

Desde hace más de 100 años, muchos de los hombres más poderosos del mundo se reúnen durante 2 semanas en un bosque al norte de California.

Los organizadores del evento son miembros del Bohemian Club, una institución privada a la que pertenecen la élite política y financiera de los Estados Unidos.

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Pero, ¿qué hacen exactamente en este “campamento de verano”? Según sus protagonistas, disfrutar de la naturaleza y divertirse como lo haría cualquier persona; en opinión de muchos, preparan la instauración de un nuevo orden mundial.

A finales de julio, el aeropuerto Charles M. Schulz en el condado de Sonoma, presenta un tráfico inusualmente denso, impropio de sus pequeñas dimensiones.

Al poco de tomar tierra, hasta las escalerillas de los lujosos jets se aproximan flamantes limusinas y otros automóviles de alta gama al objeto de recoger a sus privilegiados pasajeros y que éstos se libraran de molestos controles y, sobre todo, miradas indiscretas.

Resulta obvio subrayar que los perceptores de tales atenciones no eran gente como nosotros.

De hecho, aunque la identidad de los visitantes está rodeada por un alto grado de secretismo, es público que la mayoría pertenece a los ámbitos más inaccesibles del poder político y financiero de Estados Unidos.

También, que todos son hombres (las mujeres no son bienvenidas) y forman parte del Bohemian Club, una institución privada de confuso ideario e inquietantes aficiones, cuya membresía ha sido acusada de conspirar contra la humanidad, entre otras lindezas.

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Y es que nadie sabe a ciencia cierta qué vienen a hacer los integrantes de tan selecto club a este recóndito paraje californiano o, más concretamente, al Bohemian Grove un campamento veraniego que se celebra en una enorme propiedad de aproximadamente 1,100 hectáreas, situada en una arboleda de gigantescas secuoyas bañada por el rio Ruso, la finca a la que se accede desde la localidad de Monte Rio.

Es allí, durante dos semanas y siempre entre los meses de julio y agosto donde se dan cita ex presidentes y futuros candidatos a la presidencia de EE UU, directivos de las mayores transnacionales del planeta y destacadas figuras de las artes y las ciencias.

En general, la tendencia política de los asistentes es ultraconservadora, aunque nadie pensaría tal cosa de algunos de los invitados al bosque de secuoyas, particularmente periodistas y cómicos, que parecen haber sido seleccionados para proporcionar una falsa pátina liberal al evento.

En un número cercano a los 2,500, los asistentes se reparten en 119 pequeños campamentos bautizados con exóticos nombres (Mandalay, Nido de Lechuzas, Ángeles Caídos...), cuyos miembros se agrupan en función de su procedencia o afinidad de intereses.

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Duermen en cómodas “cabañas” y participan en las más diversas actividades al aire libre, según fuentes de la propia organización.

En cuanto a la filosofía de estos encuentros, desde el Bohemian Club explican que se pretende (romper con los esquemas de la cultura aceptada y escapar de las ata-
duras y servidumbres de la gente corriente).

Y si esta explicación les parece peculiar dado el perfil de los participantes, el lema del Club Bohemio no se queda atrás: Weaving spiders come not here (Las arañas que tejen no vienen aquí), frase entresacada de la obra de Shakespeare Sueño de una noche de verano, cuyo sentido alude a que las preocupaciones y los negocios deben permanecer fuera del Grove.

Naturalmente, parafraseando de nuevo la mencionada obra, en el Bosque Bohemio no se admite a “escarabajos siniestros” ni a “reptiles polvorientos” nadie que no pertenezca al club o esté en la lista de invitados puede adentrarse en el campamento, incluidos los medios de comunicación.

Para evitar la presencia de intrusos, un ejército de “guardas forestales” protege la propiedad durante las 24 horas.

Además, tienen hilo directo con la oficina del sheriff cuyos agentes acuden raudos al menor atisbo de problemas.

Por si fuera poco, a lo largo del perímetro de la propiedad y también en las orillas del río Ruso hay dispuestas una especie de torretas de vigilancia. E incluso se han instalado cámaras espía disimuladas entre los árboles.


Sin embargo, y pese a tamaño despliegue de medios, de vez en cuando hay valientes que intentan burlar las medidas de seguridad.

Lo normal es que sean rápidamente detectados y. a continuación, amablemente expulsados (aquellos que han vivido esta experiencia destacan la exquisita educación de los agentes: puño de hierro en guante de seda) o si persisten en su actitud, acaban en la cárcel de Monte Rio.

No obstante, en 2000. el controvertido locutor norteamericano Alex Jones, experto en conspiraciones, se introdujo subrepticiamente en el campamento, protagonizando la incursión más sonada del Bohemian Grove.

Además, el también cineasta texano pudo filmar parcialmente una extraña ceremonia.

Parece evidente que tanta opacidad no ayuda a que la imagen de los bohos sobrenombre por el que son conocidos los miembros del Bohemian sea lo intachable que a ellos les gustaría.

Como tampoco que la lista del club sea igualmente secreta... o casi.

Porque lo que preocupa a muchos ciudadanos de EE UU es que. gracias a las inevitables filtraciones inherentes a esta clase de contubernios, se sabe que en el club han figurado -o siguen haciéndolo- presidentes de EE UU y otros países (Richard Nixon. Gerald Ford. Ronald Reagan. George Bush padre e hijo, Helmut Schmidt...), influyentes políticos y militares (Henry Kissinger, Donald Rumsfeld. Alexander Haig, Colin Powell, Dick Cheney...), dirigentes de las finanzas internacionales (William R. Hearst, David y Nelson Rockefeller...) y respetados académicos líderes de opinión y artistas (MarkTwain, Jack London, Charlton Heston, Walter Cronkite, Clint Eastwood...).

A la vista de la relevancia pública de los “campistas”, pocos se creen la versión que intentan vendernos desde el Bohemian Club: No es más que un encuentro en el que los miembros del club y sus invitados disfrutan de la naturaleza y de una serie de actividades culturales, que incluyen conciertos, obras de teatro, recitales y charlas informales sobre asuntos de actualidad», insistía recientemente un portavoz de esta institución a preguntas de la BBC.

Los encuentros del Bohemian Grove han estado marcados por la polémica prácticamente desde sus inicios.

Aunque fue en tiempos más recientes cuando los medios de comunicación comenzaron a escudriñar la verdadera naturaleza de los mismos.

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Así, como ya hemos mencionado, se dice que fue en uno de estos eventos, concretamente en el del verano de 1942, cuando se fraguó el siniestro Proyecto Manhattan, nombre clave para designar al programa científico que, dirigido por Robert Oppenheimer, dio origen a la creación de la primera bomba atómica.


En otra de las “charlas del lago” -como los bohos denominan a las conversaciones supuestamente informales que tienen lugar a orillas de una gran laguna, ésta ocurrida en 1967, Richard Nixon pronunció el discurso más importante de su carrera política y la llave para obtener la presidencia del país, según él mismo reconoció años más tarde.

Y otra llamativa perla del protagonista del Watergate. En 1971, siendo ya presidente, Nixon tuvo que cancelar su discurso en el Grove.

Sin embargo, envió un telegrama al campamento con el siguiente texto: Cualquiera puede ser presidente de EE UU, pero muy pocos tienen la posibilidad de serlo del Bohemian Club.

¿Cuántas decisiones de interés global se habrán tomado bajo las secuoyas de Monte Rio. sin conocimiento de la opinión pública?

Probablemente muchas, de ahí que el Bohemian Grove haya tenido y siga teniendo una fuerte contestación entre algunos sectores de la sociedad norteamericana.

Una de estas activistas, la californiana Mary Moore ha pasado más de 30 años de su vida denunciando las prácticas ilícitas de los acampados.

Para la veterana co-fundadora del Bohemian Grove Action NetWork. el grupo más beligerante de los que han estado acudiendo al bosque de Sonoma, los bohos (son una pandilla de ricachos que vienen a hacer dinero a costa del sufrimiento de la gente).

Recientemente retirada, el relevo de esta activista lo han tomado varios grupos de perfil conspirativo e incluso varias organizaciones ecologistas. que continúan haciendo ruido pese al disgusto de los representantes municipales de Monte Rio que todos los veranos reciben una importante inyección económica gracias a la llegada de los campistas del Club Bohemio. Como suele decirse, negocios son negocios.

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