sábado, febrero 07, 2015

El enigma del basilisco

El basilisco fue una de las criaturas más populares del medievo.

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No sólo podía matar con la mirada, también se pensaba que su veneno era tan poderoso que su sola presencia acababa en segundos con todo ser vivo, planta o animal a varios metros a la redonda.

Si algún valiente caballero se atrevía a matarlo con su lanza, se envenenaba dado que la ponzoña subía hasta él y para salvar la vida la única opción era cortar el brazo de inmediato.

También se decía que cuando se veía el reflejo del basilisco, la victima era convertida en piedra.

Eran pocas las opciones para sobrevivir a tan fatídico encuentro, por eso durante
los viajes por el desierto se recomendaba llevar una mangosta, pues era el único animal capaz de hacerle frente, aunque en el combate ambos morían.

Uno de los documentos más antiguos en el que se menciona a esta temida bestia
es la Historia natural escrita por el erudito  romano Plinio el Viejo (23-79), no obstante quizá su leyenda sea mucho más remota. 

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Según Plinio, el basilisco era originario del norte de África (se identificaba como su
morada la región de Grene, actual Libia), tenia forma de serpiente, no media más de
30 centímetros de largo y llevaba en la cabeza una marca semejante a una diadema.

Las demás serpientes ponzoñosas huían al escuchar su silbido y a diferencia de otros ofidios, andaba erguido y majestuoso; de ahí su nombre, el cual proviene del griego basilískos y significa 'pequeño rey', es decir, el 'soberano de las serpientes'.

Sin embargo a inicios de la Edad Media el mito originario de Grecia se dispersaría
por toda Europa, y con ello la fisonomía del espécimen sufriría una fuerte modificación.

La principal razón fue su continua aparición en los bestiarios medievales, compendios en que se describían todo tipo de seres, tanto reales como fantásticos.

Diversos autores se interesaron en descifrar los misterios de la criatura, alterando, versión tras versión, el retrato original.

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De este modo tal vez el basilisco se unió a otras criaturas como el 'catoblepas', un ser mítico de Etiopia con forma de búfalo y cabeza de cerdo que mataba con la mirada, o la 'cocatriz', un gallo con cola de lagarto y alas.

La razón de que esta última terminara por fusionarse al mito del basilisco puede deberse a que se creía que el nacimiento de ambos era muy similar.

Uno de los primeros en referirse a ello fue el monje benedictino Beda el Venerable (672-735), seguido por el Bestiario de Pierre de Beauvais que data de 1206.

De acuerdo con este último, el basilisco nacía de un huevo de gallina incubado por un sapo.

En cambio, la cocatriz o 'cocatrice' se generaba a partir de un huevo de sapo o serpiente empollado por un gallo.

Al final decenas de casos en los que a gallos o gallinas viejas se les  sorprendía cuidando de huevos fueron tomados como intentos de gestación de basiliscos.

Los animales eran sentenciados y por lo general quemados o degollados.

Collage fantástico

Fue a raíz de esta creencia que relacionó al basilisco con los gallos, que las historias sobre el animal mítico comenzaron a extenderse por toda Europa.

También en el arte, tanto en el profano (por ejemplo las heráldicas de algunas familias) como en el sacro (al formar parte de las decoraciones de muchas iglesias), la imagen del basilisco mitad ave mitad serpiente se hizo común.

Pese a los exhaustivos estudios que se hicieron en tomo a este ser, la creencia en él se mantuvo en el pensamiento popular y de los naturalistas hasta bien entrado el siglo XVII.

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Uno de los primeros en cuestionar su existencia fue el intelectual francés Jean Bodin (1529/30 - 1596), lo que provocó gran polémica entre sus contemporáneos, para quienes la mejor prueba era la enorme documentación que existía en tomo al monstruo. Los casos de huevos empollados por gallos y la aparición de huevos de gallina que al ser cascados mostraban pequeñas serpientes ayudaron a que la leyenda se mantuviera.

Pero sucedió que en estos siete siglos que duró el reinado del basilisco ninguno
pudo ser capturado, por lo que la creencia sucumbió ante el cada vez mayor conocimiento del mundo natural.

Aun así, en 1838 un gallo irlandés fue juzgado luego de ser sorprendido poniendo varios huevos.

El médico y escritor Jan Bondeson asegura, en su libro The Feejee Mermaid and Other Essays in Natural and Unnatural History, que el basilisco y su leyenda
fueron creados por los viajeros griegos y romanos para explicar la existencia
de los desiertos del norte de África.

Los basiliscos eran los causantes de que no hubiera vegetación y fuera un lugar tan
desolado.

El basilisco de Plinio es una amalgama entre los rumores que por aquel entonces corrían sobre las cobras de la India y una serpiente del desierto de África llamada Lytorhynchus diadema, la cual tiene una 'diadema' blanca sobre su cabeza y mide unos 15 cm de largo.

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Esto también explicaría porqué la mangosta era la peor enemiga del basilisco, pues este pequeño mamífero es uno de los pocos capaces de vencer a una cobra.

Finalmente el mito del basilisco, tal como su intrincada fisonomía, es un collage de creencias e inspiraciones que lograron cautivar durante siglos a la imaginación del hombre.

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