jueves, diciembre 04, 2014

La chispa del origen de la vida

Hace miles de años, el debate se circunscribía a círculos exclusivamente filosóficos o teológicos, pero el auge de las ciencias a partir de la Ilustración y especialmente, en el siglo XX cambió el campo de búsqueda, que de las iglesias pasó a tomar cuerpo en los laboratorios.

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Una de las hipótesis más admitidas sobre el inicio de la vida en la Tierra establece la existencia de un caldo primigenio primordial, en el que la combinación de diversos elementos unido a la complejidad de reacciones químicas, y sobre todo a descargas de electricidad, creó las primeras formas de vida.

Sin esas fuerzas electromagnéticas, las moléculas no habrían encontrado el catalizador imprescindible para pasar de ser materia inerte a convertirse en algo vivo.

Los experimentos de Louis Pasteur en el siglo XIX habían ayudado a echar por tierra la posibilidad de que la vida se creara por generación espontánea.

El francés observó un trozo de carne que mantuvo aislado y en atmósfera protegida, sin que la vianda se echara a perder.

Aunque su investigación no tenía nada que ver con el origen de la vida, sino con cómo se “estropeaban’’ sus alimentos.

El primer científico en plantear el origen de la vida desde una perspectiva puramente materialista fue el ruso Aleksandr Oparin, autor de la teoría de la sopa primordial.

Este bioquímico consideró que el agua presente en la atmósfera terrestre hace millones de años habría permitido la acumulación de moléculas que, tras largos períodos de evaporación, habrían dado lugar a un “caldo”.

Este estaría tremendamente concentrado, gracias a elementos que se combinaron entre sí merced al efecto producido por la luz solar y las descargas de los rayos.

Según Oparin, esta gradual acumulación dio lugar a los primeros aminoácidos.

Los científicos aceptaron la idea: todos coincidieron en que hace alrededor de tres mil millones de años se pudo formar una sopa orgánica muy rica en moléculas de carbono que, con el lento paso del tiempo, acabaron formando moléculas cada vez más complejas hasta acabar desarrollando esos primeros aminoácidos.

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