jueves, marzo 21, 2013

La reina faraón Hatshepsut

La figura de Hatshepsut se pierde en­tre las pirámides y las arenas del tiempo del antiguo Egipto: sin embargo a pesar del odio de quienes han querido acabar con su recuerdo, muchos testimo­nios se han conservado hasta nuestros días, sobreviviendo a tantos siglos que nos separan de aquella época.

Entre los años 1500 y 1450 A. C. El faraón Tutmosis III solo era un niño en el momento de la sucesión al trono, y Hatshepsut fue nombrada re­gente.

Hija del Rey, hermana del rey, es­posa del dios y gran mujer del rey son algunos de los apelativos de una mujer que no se contentó con desempeñar un papel de consorte  y se convirtió en la primera reina faraón de Egipto.

Se habituó rápido al poder y mien­tras Tutmosis alcanzaba la mayoría de edad, elaboró un proyecto para legitimarse a sí misma.

Para ello, primero debía cons­truir el mito de su nacimiento: en el Anti­guo Egipto se creía que los faraones eran hijos de los dioses, por eso la reina de Egipto debía ser hija de un dios para gobernar.

Pero para los faraones la muerte era casi más importante que la vida terrenal, por lo que Hatshepsut quería ser sepultada en el Valle de los Reyes, como si se tratase de un faraón.

La reina encontró un cómplice en el arqui­tecto de la corte, el poderoso Senenmut.

Según algunos, incluso fueron amantes, lo cual se demuestra por las estatuas que los representan, todas de igual grandeza: si no hubiese habido una unión especial entre ellos. Hatshepsut no habría permitido que su estatua no primase sobre las demás.

La tumba de Hatshepsut permaneció in­completa y tras la muerte de la reina, su recuerdo quiso ser borrado. Su nombre fue borrado de todas las inscripciones y ni si­quiera se le incluyó en la lista de los reyes de Egipto.

¿A qué se debe tanto recelo? Según al­gunos estudiosos, fue obra de Ramsés II quien vivió 150 años después, aunque, más probablemente, fuera su sucesor inme­diato Tutmosis, el responsable.

Pero, en­tonces. ¿Por qué este consintió que fuese sepultada en el Valle de los Reyes legiti­mando así el reinado de Hatshepsut?

En cualquiera de los casos, quien haya intentado borrar el nombre de Hatshep­sut de la historia no lo ha conseguido.

La fama de la reina ha sobrevivido durante 3,500 años y hoy en día en el Museo de El Cairo hay una sala dedicada a la XVIII di­nastía y el busto de la faraona dirige su regia mirada al mundo.

reinaHatshepsut

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