jueves, noviembre 20, 2014

Dalai Lama pensamientos positivos

Mundialmente conocido como hombre de paz y maestro de sabiduría, Tenzin Gyatso, el Dalai Lama, sigue siendo aun en el exilio, el líder político y espiritual del Tíbet.

El libro 108 perlas de sabiduría del Dalai Lama (del que sacamos un breve extracto) resume el pensamiento de esta eminente personalidad, plena de sensatez y armonía.

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En general, percibimos la naturaleza de las cosas de manera errónea.

La diferencia entre lo que es realmente y lo que nosotros percibimos es una fuente de sufrimiento.

Si transformamos nuestra mente, aprendemos a ver la realidad tal cual es, sin interpretarla, en el momento presente.

No la aprehendemos más en función de nuestras proyecciones. Es una condición fundamental para desarrollar la paz mental.

Si envidias aun colega que tiene más éxito que tú o si sientes celos de alguien que ha conseguido un artículo de mucho valor, transforma tu mente encontrando el antídoto, que será la emoción contraria a la pasión negativa que experimentas.

En este caso, convendrá que aprendas a disfrutar y a sentirte feliz por la alegría que seguramente estará experimentando esa persona.

Damos una gran importancia al pasado y al futuro. Vivimos como si estuvieran ahí, permanentemente, olvidándonos de vivir el presente.

Sin embargo, vivir el tiempo presente es fundamental, porque es el único momento en el que podemos actuar, verdaderamente, para transformar nuestra mente, desarrollando emociones positivas que nos permitan ayudar a los demás.

Debemos buscar el modo de conseguir bienestar a largo plazo.

Es relativamente fácil disipar las preocupaciones momentáneamente, por ejemplo, bebiendo cerveza hasta ponernos contentos a fuerza de ir ingiriendo alcohol.

Pero esa alegría será pasajera, ilusoria, y los problemas seguirán estando ahí. Para alcanzar un bienestar duradero y constante hay que transformar la forma de funcionar que tiene nuestra mente.

Ése es el consejo que doy a todos mis amigos.No es necesario adoptar una religión para transformarla mente.

Ese proceso es posible para todos los seres humanos, independientemente de que sean creyentes o ateos. Una tradición espiritual puede darnos las herramientas para llevar a cabo esa tarea, pero no es indispensable.

Es por esa precisa razón que suelo hablar a menudo de la ética secular, que puede aplicarse a todos los seres, sean creyentes o no.

Todas las particularidades religiosas o culturales deben ser superadas a fin de que todos los seres puedan reconocerse dentro de una ética laica que se base en los principios humanos universales.

Eso sería una auténtica revolución espiritual, que reposaría en virtudes humanas tales como la empatía, el amor, la tolerancia, el respeto y el sentido de la responsabilidad.

Hacer el bien a los demás, no dañar a nadie, no molestar, es lo que define el fundamento de la ética desde la perspectiva budista.

Es la base del comportamiento pacífico, de la compasión y del amor altruista.

Si el fin último es efectivamente hacer el mayor bien posible a los demás, aportar bienestar al prójimo, hay que hacer todo lo que esté en nuestras manos, en cada momento, para desarrollar dicha capacidad.

Nuestra felicidad y nuestro sufrimiento están íntimamente ligados a la felicidad y al sufrimiento de todos los seres.

Ser conscientes de esta interdependencia lleva a desarrollar, de manera natural, un sentimiento de afecto, de apertura y ternura hacia los demás.

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